Esther Díaz

ESTHER DÍAZ

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EL DESAFÍO DE LAS INVESTIGACIONES DISCIPLINARIAS E INTERDISCIPLINARIAS, ARTICULADAS CON UNA PEDAGOGÍA DEL ORDEN Y DEL CAOS

Esther Díaz

Conferencia leída en el Primer Simposio Internacional de Investigación “La investigación en la Universidad: Experiencias Innovadoras Contemporáneas en Investigación y Desarrollo Tecnológico”, UCSE, realizadas en el Teatro Mitre de San Salvador de Jujuy, 19 al 22 de octubre de 2005

  

1. La investigación y la transmisión de conocimientos

El saber cambia su estatuto al ritmo de los cambios sociales, a los que afecta. Pues los discursos y las prácticas interactúan y se influyen reconstituyéndose mutuamente.[i] Una de las grandes conmociones del saber mundial se produjo a mediados del siglo XX, se trata de la invención de la informática, cuyos efectos cognoscitivos y sociales se podrían equiparar al impacto histórico producido por la enunciación heliocéntrica copernicana.

Una nueva época histórica (por la que aún transitamos) se implanta en esa invención. El advenimiento de la telemática es contemporáneo de la Segunda Guerra Mundial. Por ese entonces, el gobierno de Estados Unidos le impuso a un grupo de investigadores de elite, el mandato de indagar en tecnológicas de comunicación rápidas y eficaces. Las tropas estadounidenses, como de costumbre, estaban guerreando a miles de kilómetros de su territorio. Había urgencia por mantener contactos casi instantáneos entre la metrópoli y los remotos lugares de lucha y apropiación de bienes ajenos. De esta combinación de tecnociencia y política exterior nació una de las criaturas artificiales más inquietante de la historia de la humanidad, la computadora. Este artefacto, amigo de la guerra y de la paz, representa un giro de calidoscopio respecto de la constitución de figuras epocales. La modernidad, que posibilitó esta invención estremecedora, -inesperadamente- se comenzó a agotar con ella, dejando lugar a un tiempo nuevo, cuyo nombre todavía es objeto de controversias.[ii]

A partir de la informática se conmovieron las formas de vida tradicionales y, por ende, se transformaron las características del saber, logrando factibilidades que, con anterioridad a este invento, pertenecían a la ciencia ficción o a utopías científicas.[iii] La robustez digital posibilitó que se dilucidaran rápidamente las fórmulas para la puesta en acto de la fisión del átomo y estallaran las aplicaciones atómicas. Posibilitó también la elaboración de investigaciones biológico-digitales, de las que surgió la inquietante, apreciada y cuestionada ingeniería genética. Las aplicaciones y elaboraciones digitales, en general, optimizaron gran variedad de recursos que impulsaron y multiplicaron diferentes tecnologías de avanzada. Y la carrera continúa.

Demás está decir que la incidencia de esas transformaciones afectó la búsqueda sistemática de conocimiento y su transmisión. Es decir, la investigación y la pedagogía. Nuestro tiempo se entreteje desde formas de vida y conocimientos que ya no responde a los mandatos de la ciencia moderna que exigía, en primera instancia, ciencia básica como búsqueda de la verdad por la verdad misma, sin intención de aplicación previa. Aunque, extrañadamente, esa misma ciencia -enarbolando “pureza” cognoscente y neutralidad ética- se planteaba conocer la naturaleza, para dominarla. La férrea omnipresencia tecnocientífica que hoy impera en el planeta es, paradójicamente, una consecuencia más de la realización del proyecto moderno, centrado en la ciencia, la racionalidad formal e instrumental, la contrastación empírica, el orden y el progreso. El supercontrol genético en el que -para bien y para mal- subsistimos ofrece pruebas contundentes de una hegemonía científica y técnica gobernada por las potencias y al servicio de ellas.

Por otra parte, en los inicios de la ciencia moderna, se encontraba ya la idea de que el marco de referencia del que partimos es el que condiciona el tipo de conocimiento al que accedemos, dice Immanuel Kant:

 

Cuando Galileo hizo rodar sobre el plano inclinado las bolas cuyo peso había señalado, o cuando Torricelli hizo que el aire soportara un peso que él sabía igual a una columna de agua que le era conocida, o cuando más tarde Stahl transformó metales en cales y éstas en metal, quitándole o volviéndole a poner algo, puede decirse que para los físicos apareció un nuevo día. Se comprendió que la razón sólo descubre lo que ella ha producido según sus propios planes; que debe marchar por delante con los principios de sus juicios determinados según leyes constantes, y obligar a la naturaleza a que responda a lo que le propone, en vez de ser esta última quien la dirija y maneje. La razón se presenta ante la naturaleza, por así decirlo, llevando en una mano sus principios [los de la razón] y en la otra, las experiencias que por esos principios ha establecido [comportándose] como un juez que obliga a los testigos a responder las preguntas que les dirige.[iv]

 

“Obligar a la naturaleza a que responda a lo que [se] le propone” es la clave de bóveda sobre la que se elevará la empresa moderna bautizada “ciencia”. Al agotarse o hiperdesarrollarse los ideales de la modernidad, nos encontramos con un nuevo tipo de conocimiento y de prácticas relacionadas con él. En consecuencia, el volumen histórico que, desde el siglo XVI hasta mediados del XX, fue ocupado por la ‘ciencia’, es habitado actualmente por el tipo de conocimiento y las prácticas que, provisoriamente, denomino ‘posciencia’.[v]

Una de las tantas exigencias del conocimiento científico moderno fue que la investigación se desarrolle al interior de los rígidos límites de cada disciplina, aunque todas debían regirse por un mismo método. Pero a partir de la complejidad resultante de la proliferación de aperturas a más información y nuevos saberes (que se precipitaron desde principios del siglo pasado) difícilmente una disciplina puede hoy “abastecerse a sí misma”. Es evidente que existen indagaciones que forzosamente deben restringirse a su especificidad. Pero no existe área de la investigación que se pueda perjudicar realmente por abrir sus fronteras a saberes provenientes de otras disciplinas.[vi] Sin embargo, es difícil lograr “porosidad” para el intercambio de experiencias y la construcción conjunta de conocimiento. La resistencia a los cambios de paradigmas no es ajena al temor a posibles pérdidas de poder: cognoscitivo, normativo, controlador, tecnológico, económico y/o simbólico.[vii] Como si fuera un mecanismo de defensa, los diferentes saberes tienden a cerrarse en compartimientos estancos. Pero comienzan a manifestarse también ciertas aperturas, si caracterizamos los modos de hacer investigación en

a)    cerrado en sí mismo,

b)    interdisciplinario,

debemos aceptar que actualmente conviven. Aunque es preciso reconocer que el intercambio entre disciplinas responde más a manifestaciones de deseos que a principio de realidad. No porque no existan proyectos multidisciplinarios, sino porque su número no es, por el momento, representativo.

La investigación disciplinar cerrada en sí misma muchas veces toca su propio techo o achica peligrosamente sus fronteras por negarse a la apertura indagatoria. “Los límites de mi lenguaje son también los límites de mi mundo”[viii] dice Ludwin Wittgenstein. Este concepto puede hacerse extensivo a los límites del conocimiento científico concluyendo que una disciplina que acota conservadoramente su lenguaje, acota asimismo de manera alarmante sus horizontes cognoscentes.

Estos desajustes en la integración de saberes se trasladan a problemáticas pedagógicas. Una manera de salirle al paso a este desafío es abrir las compuertas de la complejidad como variable a tener en cuenta en las concepciones educacionales. No se trata, por supuesto, de abogar por un eclecticismo variopinto sin orden ni destino. Se trata de

 

- articular diferentes perspectivas de la realidad reflejadas (o estudiadas) buscando puntos de confluencia y fecundidad,

- procurar aportes que amplíen las alianzas  tradicionales (tipo mecánica y  matemática, por ejemplo), produciendo intercambios entre disciplinas consideradas lejanas, como la biología y la antropología, las ciencias jurídicas y las ciencias médicas, o la termodinámica y la sociología,[ix]

-  producir síntesis en las que se articulen los distintos aportes con el objeto de estudio, destacando las semejanzas y respetando las diferencias.

 

Existen programas de investigación con esquemas múltiples, en los que interactúan expertos de especialidades disímiles, pero no irreconciliables.[x]

 

*             *              *

 

Otro principio que se desvaneció en el aire es el que establecía que la adquisición del saber es indisociable de la formación como persona. En los tiempos que corren el saber se divorció de la justicia. El sabio antiguo, que asimilaba el saber moral con el conocimiento, se diluyo a favor del investigador que proclama la neutralidad ética de sus innovaciones cognoscitivas. A partir de la modernidad no se necesita ser justo para hallar la verdad científica, se necesita ser riguroso. El conocimiento ha dejado de ser un valor en sí mismo, ha devenido medio, ha pasado de ser un valor de uso para convertirse en un valor de cambio, en fuerza de producción.

Antiguamente se buscaba el conocimiento para ser sabio. Actualmente se compra y se vende. El continúo recambio epistemológico y tecnológico requiere de saberes eficaces y efímeros, más que de conocimientos arraigados e inmutables. Además, la interrelación de lo cultural y lo económico no es unidireccional. Es interacción en un circuito realimentado, que ha modificado notablemente la composición de las poblaciones activas de los países centrales, y constituye el principal embudo para los países marginales.[xi]

Entiendo que quien pertenece al sistema pedagógico, académico, investigativo o tecnológico no puede obviar esta torsión histórica en la configuración de los saberes. Pues si nos enfrentamos con distintas realidades, distintas han de ser también nuestra manera de abordarlas, ya sea para investigarlas, intervenirlas, o transmitirlas.

 

2. Las leyes del orden y del caos como mapa para el investigador y el educador

La pedagogía y la investigación modernas suponían la conducción a la perfección del ser humano. En plena época tecnológico-digital, esos valores entraron en crisis. Hoy el ideal enciclopedista está perdiendo espacio frente a la capacidad de aprender a renovarse. El mundo ya no se lee como un gran texto lineal que conforma una cadena de causas y efectos, se accede a hipertextos con varias entradas. La posciencia se da en una realidad en la que los argumentos deben compartir espacios con las imágenes; la pantalla convive con el libro; la escritura con la figura; y la concisa realidad cotidiana con la inasible realidad virtual y contundente.

La actual inflación informática satura la capacidad subjetiva de elaboración de datos. La simultaneidad mediática nos obliga a reacciones instantáneas y nos aleja de la reflexión. Además, la desaparición de las distancias y el surgimiento de comunicaciones compulsivas nos incitan a integrarnos a diferentes redes informáticas y al intercambio de datos. Navegamos en una sociedad abierta a la diversidad. En función de ello, aspiramos a una comunidad científica capaz de romper los espesos muros de los cuerpos colegiados.[xii]

Las formas humanísticas de la meditación, la crítica y el encierro en los estrictos límites de cada disciplina amenazan con alejarse del equilibrio, orillean el caos. Pero sabemos que las situaciones caóticas no necesariamente desembocan en caminos sin salida. Nos enfrentamos con desafíos en investigación y en educación desconocidos hasta el presente. Indignarse por lo que una época histórica dejó atrás no ayuda a interactuar con nuevas formaciones culturales. En función de ello, la reflexión científico-pedagógica no debería prescindir de las realidades actuales. Nuestro presente ha generado una episteme polifacética. Los territorios de cada disciplina de estudio ya no están determinados de manera férrea. Los márgenes epistemológicos de las distintas ciencias se flexibilizan y sus corpus se hacen más complejos.

Sin desatender que los sujetos a quienes van dirigidas nuestras innovaciones gnoseológicas, pedagógicas o tecnológicas también varían. No debería olvidarse que nos construimos como sujetos a partir de las prácticas y los discursos de nuestro tiempo. El acelerado desarrollo tecnocientífico, sumado a la diseminación de los estímulos mediáticos y a las transmutaciones ético-políticas constituyen sujetos que ya no se rigen estrictamente por un ideal de orden, como pretendía el espíritu moderno. El caos y el azar caben en el imaginario posmoderno, incidiendo en las conductas, los hechos sociales y los datos a estudiar. De modo tal que, tanto quien construye investigación, como quien imparte educación -dos áreas que tiende a fundirse cada vez más-, deben tener presente las leyes del caos, sin descuidar, por supuesto, las del orden.

El orden se piensa como contrapuesto al caos. Está sometido a reglas, medidas y razón. Parecería que se produce de manera necesaria, forzosa, irreversible, que la naturaleza lo reclamara. No se tiene en cuenta, por cierto, que el orden es una construcción teórica, humana, política y social, más que una realidad inalterable. El pensamiento occidental se preocupó por establecer  que el caos -lo incontrolable, lo rebelde a las normas, lo opuesto a las leyes - finalmente devino orden. Y consideró que si bien en el principio fue el caos, finalmente el universo se sometió a leyes racionales y se domesticó. La gran ventaja de forzar el inestable estado de las cosas y someterlo a supuestas regularidades previsibles es que la naturaleza (presuntamente) se torna comprensible, mensurable, manejable. El orden, tal como se ha establecido desde los dispositivos cognoscitivos, confesionales y políticos es condición de inteligibilidad de lo existente, a condición de que se someta a normas.

Dicen Deluze y Guattari:

 

Cuando se produce el encuentro de las cosas y el pensamiento, es necesario que la sensación se reproduzca como la garantía o el testimonio de su acuerdo, la sensación de pesadez, cada vez que sopesamos un cuerpo, la de color, cada vez que lo contemplamos, con nuestros órganos del cuerpo que no perciben el presente sin imponerle la conformidad con el pasado. Todo esto es lo que pedimos para forjarnos una opinión, como una  especie de “paragüas” que nos proteja del caos.[xiii]

 

Mientras Anaximandro imagina el devenir como un proceso ordenado que se sucede temporalmente y del que se puede dar cuenta en tanto es pensado racionalmente; es decir, lo concibe como orden; Lucrecio, retomando las ideas de Leucipo y Demócrito, por el contrario, sostienen que el orden del cosmos se puede explicar por una conjunción de átomos surgida de una colisión aleatoria, lo conciben como caos.

Posturas como las de Anaximandro y sus “prolijos” continuadores posibilitan teorías que sirven de sustento a los poderosos, ya sea porque dominan la sociedad, o la naturaleza, o ambas. El orden es la gran preocupación de los gobiernos totalitarios y de los saberes hegemónicos porque si la realidad y los sujetos se someten a normas preestablecidas son, evidentemente, fácilmente manejables.

Por el contrario, los atomistas -sin desechar el orden- privilegian lo imprevisible y azaroso. No es casual que durante épocas de poderes unipersonales y absolutos, tras la desaparición de las antiguas democracias, el conocimiento oficial desconoció a los pensadores atomistas. Defender el poder de los individuos (átomos) y la potencialidad creadora o destructiva de las crisis (caos) no es funcional a los aparatos de poder. Tampoco es casual que a partir de las postrimerías decimonónicas, cuando se reafirmaron varias soberanías en detrimento de los absolutismos políticos, reaparecieran las teorías atomistas y se enunciaran leyes del caos.

La tendencia de proyectar lo social sobre lo natural -propia de las más exitosas teorías antiguas- se retoma en la modernidad. El orden se concibe como relación “equilibrada” entre fenómenos, o conceptos, sin abandonar el supuesto de la preeminencia de lo abstracto sobre lo concreto, de lo formal sobre lo interpretable, de la exactitud sobre lo indeterminado, de las leyes sobre los fenómenos, del orden sobre el caos. Finalmente, en el crepúsculo de la modernidad el orden tiende a entenderse como entropía negativa.

El primer principio de la termodinámica establece que la energía total del universo se mantiene constante, no se crea ni se destruye, se transforma. Pero el segundo principio estipula que si bien la energía se mantiene constante, está afectada de entropía. Es decir, tiende a la degradación, a la incomunicación, al desorden. La enunciación del principio de entropía conmocionó a una ciencia que tenía como uno de sus principales bastiones la capacidad de predecir de manera determinista. Y, tan pronto como se comenzó a aceptar la presencia del caos, se pensó en la autoaniquilación del universo.[xiv] No obstante, existen posturas científico-epistemológicas optimistas, porque el caos no implica necesariamente la destrucción definitiva del sistema afectado. Del caos puede también surgir el orden.[xv]

Ilia Prigogine,[xvi] considera que se pueden esperar nuevos equilibrios surgidos de situaciones críticas, caóticas o que tienden a la incomunicación. Llega a esta conclusión a partir de sus estudios sobre estructuras disipativas. Se trata de sistemas altamente desordenados en los cuales la conducta imprevisible de un elemento del conjunto puede conducir a una reestructuración armónica y vital. Estos sistemas de reintegración de fuerzas han sido estudiados, en la física, la química, la informática, la biología y las ciencias sociales, pueden aplicarse así mismo a las humanidades y las artes.[xvii]

Las estructuras disipativas, u otras teorías sobre sistemas inestables, serían un posible marco teórico para pensar la pedagogía y la investigación. Quienes deambulamos por estas áreas enfrentamos procesos ordenados según cierta lógica y otros impredecibles. Si manejáramos leyes del caos, como modelo de investigación o de educación alternativo al tradicional, sabríamos que existen posibilidades de reconvertirlo o de convivir intermitentemente con él.

 

3. La puesta en marcha de un proyecto de investigación como estructura disipativa

Cualquier investigación supone relaciones con ámbitos universitarios, auque se realice en instituciones no universitarias, en una empresa o en un laboratorio privado, por ejemplo. El personal ejecutor de los proyectos necesariamente ha ser de nivel universitario (por título obtenido o por méritos equivalente), varias de las leyes científicas que se manejen han sido creadas o difundidas en ámbitos académicos. La universidad directa o indirectamente está presente en cualquier investigación sólida.

Otra característica de la investigación actual es la extensión “del modo científico” hacia ámbitos que no eran considerados científicos tradicionalmente. Pues un proyecto de investigación de cualquier disciplina, para que hoy resulte viable, debe seguir los procedimientos tradicionalmente requeridos por el modelo de las ciencias naturales. Así lo exigen los protocolos de las agencias de investigación equiparando los encuadres de las ciencias fácticas con los de las humanidades, las artes y/o la tecnología. Dicho de otra manera, reduciendo toda disciplina académica a las exigencias metodológicas de las ciencias naturales. Por lo tanto, actualmenteinvestigación científicasignifica lisa y llanamenteinvestigación rigurosa, sólida, sistemática, metódica, fecunda,” en fin, una búsqueda o construcción de conocimiento, que reproduzca los diagramas de las ciencias fácticas, aunque adecuados a los diferentes objetos de estudio. Resulta claro que no se le puede exigir “cientificidad” a un arte o a un humanismo. No obstante, se les exige que investiguen ateniéndose a los requisitos propios del método científico.

Pero el método científico ya no es el pensado por Galileo o por Descartes. Pues ellos suponían una regularidad en la naturaleza. Por otra parte, el tiempo no influía sobre los objetos de estudio del investigador. La realidad se concebía como un sistema equilibrado. Hoy, desde las innovaciones cognoscitivas producidas, entre otros, por Ilya Prigogine, sabemos que:

 

Para obtener un sistema en equilibrio es necesario protegerlo de los flujos que constituyen la naturaleza, es necesario “empaquetarlo” o embotellarlo, como el frágil y artificial homúnculo quien, en el Fausto de Goethe, dice al alquimista que lo ha creado: “Ven, abrázame con ternura en tu seno, pero no demasiado fuerte, por miedo a que el cristal estalle. Es la propiedad de las cosas: a lo que es natural, apenas le vasta el Universo; lo que es artificial pide un espacio cerrado.”En el mundo que conocemos, el equilibrio es un estado raro y precario, la evolución hacia el equilibrio implica, de hecho, un mundo bastante alejado del sol, para que sea concebible el aislamiento parcial del equilibrio (no hay “caja” posible a la temperatura del sol), pero donde el no-equilibrio es la regla: un mundo “tibio”.[xviii]

 

Un mundo tibio es un mundo muerto, en el que cesaron las guerras entre opuestos, previstas por Heráclito en los prolegómenos de la razón occidental. En ese mundo, las estructuras ya no entran en caos, no se disipan, ni se recomponen, en fin, van desapareciendo juntamente con todos los elementos que bullían desordenadamente en los alterados tiempos de la vida, el desequilibrio, el cambio; en los tiempos de la entropía positiva.

Un mundo vivo deambula entre la crisis y el equilibrio, y está sujeto irremediablemente a la flecha del tiempo con su implacable irreversibilidad. La termodinámica clásica se manejaba con el concepto de “estructuras del equilibrio”, como los cristales. Las “estructuras disipativas”, en cambio, oscilan entre el equilibrio inestable y el orden por una parte, y la disipación y el desperdicio, por otra. Cuando una conformación de la realidad entra en caos, se supone que “olvidó” sus condiciones iniciales y se comporta arbitrariamente.

Pero existe la posibilidad de que imprevisiblemente se inicie un proceso de restauración del equilibrio; tal como ocurre en ciertos fenómenos biológicos. Donde, pongamos por caso, una agregación de amebas sufre un impacto crítico que suele conducir a la desintegración de la colonia y a la muerte de sus integrantes. Pero también es posible que esos seres dispersos comiencen a multiplicarse y se reúnan iniciando una reagrupación que cambia de forma mientras se constituye en un volumen que aglutina aproximadamente un tercio de las células. Esta masa redondeada de esporas se desplaza por el agua hasta encontrar un medio nutricio adecuado, en el que se establece una nueva colonia, es decir, un nuevo orden.

Extraño nomadismo de una población que vive en una región, de manera sedentaria, hasta que el medio le resulta hostil. Se produce entonces una metamorfosis que no necesariamente lleva a su extinción, puede también posibilitar vitalidades renovadas. Se acaba la disipación y la comunidad se reestructura.

Esta figura proveniente de la ciencia, es un modelo adecuado para el ordenamiento de un proyecto de investigación interdisciplinario, así como para un programa de investigación interinstitucional. En ellos, se parte de un problema que funciona como eje transversal de la indagación. Se proponen temáticas que, aunque diferentes, vinculan variadas disciplinas comprometidas en la tarea. Se las aborda desde posturas teóricas o científicas, para su análisis y posterior articulación. Por último se reintegran a la unidad temática, realizando los ajustes necesarios. Algunos temas de estudio pertinentes para este tipo de exploración, entre innumerables posibles, serían: “ciencia y ética”, “investigación y universidad”, “transferencia de métodos entre diferentes disciplinas” o “analogías y diferencias entre informática y microbiología”.

Quienes gesten y administren investigaciones de este tenor se encontrarán con una especie de caos producido por los diferentes aportes de las variadas disciplinas (y/o instituciones) que integren el proyecto (o programa). La dirección del proyecto y sus asesores deben buscar puntos en común que generen “nutrientes”. La intención es construir conocimientos a partir de problemáticas compartidas o en conflicto, ahondando en aquello que consolide la investigación y despejando los elementos que la perturben. Se van concatenando los diferentes planes parciales y, poco a poco, del caos inicial, se puede arribar a un proyecto consistente y coherente. Proyecto que continuamente deberá reorganizarse en función de la entropía que -irremediablemente- sufrirá durante su desarrollo; pero que mediante cuidado y previsión constante puede resultar fructífero.[xix]

 

4. Un caso posible de investigación interdisciplinaria

Propongo un esbozo de proyecto de investigación a partir de un texto fundacional del pensamiento occidental, cuya pertinencia estriba, entre otras cosas, en pertenecer a un saber que, al sistematizar los argumentos racionales, por primera vez en nuestra cultura, los constituyó en condición de posibilidad de la ciencia, aunque la disciplina elegida no es científica, es filosófica. Y el texto es el Banquete de Platón.

Por sus páginas desfilan diferentes posturas sobre un eje transversal, que le da sentido a la indagación. El eje es el amor, como tema y como problema.[xx] La investigación que propongo es descriptiva, comparativa y prioritariamente cualitativa, aunque algunas facetas de la tarea admitirían así mismo técnicas cuantitativas. Como hilo conductor se fija la misma transversalidad temática del libro: el amor. Desde la organización del proyecto se organizan recursos para:

 

a)                     examinar el texto en sí mismo -mediante análisis del discurso- sopesando las características que cada personaje expresa acerca del objeto de estudio y teniendo en cuenta la ocupación de cada participante del banquete filosófico-literario,

b)                     se relacionan las diferentes posturas de los personajes del texto principal, con las de otros textos del pasado para configurar ciertas notas distintivas de la visión antigua sobre los sentimientos amorosos,

c)                     una vez delimitados los rasgos más representativos de las diferentes versiones antiguas en general y platónicas, en particular, sobre el amor, se establece comparaciones con discursos actuales vinculándolos con el eje principal de estudio mediante analogías y diferencias,

d)                     se sopesan los análisis realizados y las elaboraciones individuales o grupales para construir argumentos que sostengan la vigencia, o la inactualidad, de los discursos del Banquete,

e)                     se promueven debates entre los miembros del proyecto, donde se exponen concepciones propias acerca del amor confrontándolas con las posturas teóricas estudiadas.

 

La investigación, además de trabajar sobre la consigna principal, puede extenderse hacia otras consideraciones, tales como el análisis de las características de la narración, así como sus diferentes niveles: relato directo o indirecto, diversos grados de mediatización de los hechos descriptos, u otros elementos significativos que se capten en las sucesivas lecturas y análisis tanto del texto principal como de los auxiliares. La riqueza del texto-objeto elegido (siempre se investiga a partir de una elección) permite no solamente desarrollar una indagación sobre los ítems aquí propuestos, también puede operar como disparador de ideas para otros tipos de proyectos multidisciplinarios.

Un emprendimiento indagatorio de este tipo sería pertinente, en principio, para algunas de las siguientes disciplinas: filosofía, medicina, artes combinadas, sociología, historia, psicología, ciencias de la educación, antropología, ciencias del lenguaje y biología; en este último caso, con intención de analizar los posibles efectos del sentimiento amoroso en el funcionamiento de los humanos, en tanto seres vivos; teniendo en cuenta que para algunas corrientes biológicas, el sentimiento al que llamamos amor nada tiene que ver con motivaciones externas o espirituales, sino con determinaciones genéticas.

Si el grupo de investigación es reducido, cada investigador elegirá un personaje del Banquete para elaborar su análisis; si es numeroso, los personajes se elegirán por grupos, según las disciplinas o las perspectivas que se quieran evaluar.

Una vez adentrados en el texto, queda para la discusión grupal la delimitación interna del objeto de estudio.[xxi] Decidir, por ejemplo, si Aristodemo, que es quien presenció el banquete en cuestión, es tema de estudio específico, o no. Hacer lo propio con Apolodoro, que escuchó el relato de boca de Aristodemo y lo repite, aclarando que no se acuerda muy bien de algunos detalles y se excusa de posibles imprecisiones, sobre todo teniendo en cuenta que ha trascurrido mucho tiempo desde que ocurrieron los hechos narrados.

En este esquema investigativo imaginario los demás personajes, aunque también pueden discutirse, ofrecen material con diferentes grados de complejidad, pero sustancioso para la investigación. Los presento según toman la palabra en el Banquete de Platón:

 

i.               Fedro es poeta. Un joven refinado y culto. Concibe al amor como el más antiguo de los dioses. La principal virtud del amor es darnos valentía. Además, cuando amamos somos mejores personas. Este discurso suma a su valor intrínseco, la posibilidad de ser comparado con discursos sobre el amor de poetas y/o jóvenes actuales.

ii.              Pausanias es el único, de los que toman la palabra, del que no se registra profesión. Defiende el derecho del amante a cortejar a la persona amada y el deber de ésta de no ceder ante el deseo. Sin embargo existe una situación en la que el ser amado puede ceder, es en el caso de que ambos se amen y aspiren mutuamente a obtener la verdad. Cabe destacar que Pausanias expone una idea que siglos más tarde elaborará Sigmund Freud, el polimorfismo del deseo. He aquí una veta para profundizar el análisis.

iii.            Erixímaco es médico, y es quien propone que el amor sea el tema a debatir. Consecuente con su profesión, mide a Eros con la vara de lo beneficioso o perjudicial para la salud. Se puede comparar su discurso con el de la  medicina actual y su apreciación acerca de ese sentimiento llamado amor.

iv.            Aristófanes es autor de comedias, la tesis sobre los andróginos, que Platón pone en su boca, sirve como explicación mítica del origen de las diferentes vertientes del amor. Su metáfora de la felicidad como unión amorosa es rica en matices. Una vez considerada, se convierte en campo propicio para compararla con metáforas de autores de comedias actuales y de otros representantes de las artes escénicas.

v.             Agatón es poeta y autor teatral. Es adolescente y, a diferencia de lo que opinó Fedro, para él Eros es el más joven de los dioses. Sería productivo confrontar su discurso con los de cantautores o dramaturgos contemporáneos.

vi.            Sócrates es el filósofo, amante de la sabiduría. Desarrolla un concepto acerca del deseo que, en el siglo XX, retoma Jacques Lacan, a partir de este discurso platónico, llegará a su peculiar concepción resumida en la proposición “el deseo no tiene objeto”. Este aspecto del discurso socrático-platónico suele ser el preferido de psicólogos y psicoanalistas. Aunque no existe disciplina humanística o ciencia social impedida de ahondar sobre el tema. Pero como las ciencias naturales necesitan teorías que acompañen sus innovaciones. Un recurso posible es apelar a textos de estas características para complementar teóricamente estudios genéticos o concepciones cerca de la materia, o de imaginarios epocales; puesto que no sólo desde la genética se constituyen los humanos.

vii.           Diotima es la sabia extranjera que, aunque no está presente en la reunión, es citada por Sócrates como quien le enseñó todo respecto del amor. Para ella el amor es hijo de la necesidad y de la astucia. Este personaje no solamente se presta para ser interpretado en su discurso humanístico, también es fértil para estudios en ciencias sociales. Es motivo de extrañeza, por ejemplo, que en una sociedad en la que se discriminaba a las mujeres, como Grecia antigua, Diotima fuera tomada como maestra de varones. A partir de este personaje, cabe preguntarse, por ejemplo, qué es el amor para una mujer ilustrada, hoy, y sacar conclusiones provisorias.

viii.         Alcibíades, joven y bello político-militar, representa el papel del seductor burlado. Sócrates, al apartarlo de sí, le pregunta extrañado: “¿cómo, quieres cambiar oro por cobre?”. Este discurso amerita  una confrontación entre la valoración positiva que el joven bello (antiguo) hace del viejo sabio, y la discriminación de la que son objetos las personas mayores, en nuestra época.

 

Los métodos y las maneras de investigar son construcciones históricas. Las complejidades del conocimiento contemporáneo reclaman diferentes perspectivas de análisis para un mismo tema de investigación o transmisión de conocimiento. Reclaman la participación activa no solo del director de la investigación o del educador, según corresponda, sino de todos los miembros de un equipo de investigación o estudio. Sabemos que, dadas las condiciones actuales de la academia, ya no se puede desarrollar plenamente una disciplina si a la docencia no se la acompaña con la indagación. Y así como no se aprende a nadar sin tirarse al agua, no se construye conocimiento sin meter las manos en el barro de la investigación. Únicamente amasando con fruición ese barro, se puede dar forma, color y medida a la preciada  ánfora del saber, con un asa construida de conocimiento y otra de investigación. 

Sin olvidar que, según el Banquete de Platón, todo deseo de cosas buenas, todo deseo de ser feliz, todo deseo de perfección no es otra cosa que una tendencia a reencontrarse con lo verdadero (que alguna vez nos fue dado a los humanos). Por eso quien desea la excelencia, busca la verdad.

Dicho con palabras actuales: aspirar al amor a la investigación y a su transmisión es realizar el sueño de Alcibíades, pero sublimado: es cambiar cobre por oro. Es decir, cambiar ignorancia por manejo conceptual, confusión por claridad, desengaño por esperanza, es -en cierto modo- gozar la serenidad que únicamente nos otorga el reencuentro con la verdad.

Esther Díaz

 

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Lyotard, Jean-François, La condición posmoderna, Madrid, Cátedra, 1986.

Platón, Banquete, Barcelona, Labor, 1983.

Prigogine, Ilya, El fin de las certidumbres, Santiago de Chile, Andrés Bello, 1996.

Prigogine, Ilya, y Stengers, Isabel, La nueva alianza. Metamorfosis de la ciencia, Madrid, Alianza, 1983.

Wittgenstein, Ludwig, Tratatus Logico-Philosophicus, Madrid, Alianza, 1987

 

 


 

[i] Cfr. Lyotard, Jean-François, La condición posmoderna, Madrid, Cátedra, 1986; también  Foucault, Michel, La verdad y las formas jurídicas, Madrid, Gedisa, 1983.

[ii] Me refiero a “posmodernidad”, o “era digital”, o “época posindustrial”, o “modernidad líquida”, entre otros.

[iii] ‘Saber’es, obviamente, un término de mayor amplitud que ‘conocimiento’. Se entiende por este último “conocimiento científico” en sentido estricto, mientras que el saber, además de contener al conocimiento (que, en sentido estricto, es el propio de la ciencia moderna), abarca otras interpretaciones de la realidad, tales como las artísticas, religiosas, políticas y otras captaciones posibles, aun en el caso de que su objeto de estudio o reflexión no pueda corroborarse como real, como la teología o la propia metafísica.

[iv] Kant, Immanuel, Crítica de la razón pura, Buenos Aires, Losada, 1970, pág. 130.

[v] Cfr. Díaz, Esther, (edit.), La posciencia. El conocimiento científico en las postrimerías de la modernidad; y Posmodernidad, ambos en Buenos Aires, Biblos, 2000 y 1999, respectivamente.

[vi] Al menos a nivel de la adquisición de nuevos conocimientos, aunque muchas disciplinas se “cierran” a la interacción con otras por temor, entre otras cosas, a la pérdida de poder que –suponen- puede significar abrir sus tesoros cognoscitivos a los expertos en áreas diferentes a las suyas.

[vii] En el sentido conceptual de Pierre Bourdieu, tal como lo desarrolla (entre otros escritos) en La sen practique, Paris, Minuit, 1980; y Cosas dichas, Buenos Aires, Gedisa, 1988.

[viii] Wittgenstein, Ludwig, Tratatus Logico-Philosophicus, Madrid, Alianza, 1987, p. 163, proposición 5.6 y ss.

[ix] Ejemplos de interdisciplinariedad entre biología y antropología: el análisis de restos mortales para dirimir identidad; de ciencias jurídicas y filosofía: el cotejo entre diversas (y semejantes) formas de búsqueda de la verdad; de química y sociología: la aplicación de las características de la segunda ley de la termodinámica, para la comprensión del desarrollo de ciertos fenómenos sociales.

[x] Por ejemplo planear la reconstrucción de una ciudad destruida por una catástrofe; esa planificación puede pensarse como investigación básica o aplicada, según corresponda.

[xi] Cfr. Jameson, Fredric, Teoría de la posmodernidad, Madrid, Trota, 1998.

[xii] En una época en que las luchas internas dentro de cada disciplina las fragmentan y empobrecen, parece una utopía pretender acciones interdisciplinarias. Se puede pensar: “si no se ponen de acuerdo entre ellos, cómo van a acordar con expertos de otras profesiones”. Sin embargo las luchas internas enriquecen la interdisciplinariedad, pues al haber varias posturas, siempre habrá alguna que “calce” mejor que otras, en un proyecto entre diferentes especialidades.

[xiii] Deleuze, Gilles, y Guattari, Félix, ¿Qué es la filosofía?, Barcelona, Anagrama, 1993, p. 203.

[xiv] Jorge Luis Borges, en “La doctrina de los ciclos” (Obras completas, Buenos Aires, Emece, 1989), lo expresa de esta manera: “Esa gradual desintegración de las fuerzas que componen el universo, es la entropía. Una vez alcanzado el máximo de entropía. Una vez igualadas las diversas temperaturas, una vez excluida (o compensada) toda acción de un cuerpo sobre otro, el mundo será un fortuito concurso de átomos. En el centro profundo de las estrellas, ese difícil y mortal equilibrio ha sido logrado. A fuerza de intercambios el universo entero lo alcanzará y estará tibio y muerto. La luz se va perdiendo en calor; el universo, minuto  por minuto, se hace invisible. Se hace más liviano, también. Alguna vez, ya no será más que calor: calor equilibrado, inmóvil, igual. Entonces habrá muerto.”

[xv] “Del caos puede surgir el orden”, tal como lo anunciaron los atomistas antiguos.

[xvi] Premio Nóbel de Química 1977.

[xvii] Cfr. Prigogine, Ilya y Stengers, Isabel, La nueva alianza. Metamorfosis de la ciencia, Madrid, Alianza, 1983.

[xviii] Prigogine y Stenger, o.c., p. 132.

[xix] A la manera de la “vigilancia epistemológica”, propia de la epistemología francesa; cfr. Bourdieu, Pierre, o.c., 1988.

[xx] Cfr. Platón, Banquete, Barcelona, Labor, 1983.

[xxi] La delimitación externa se establece cuando se hace un recorte en la realidad. En este caso, elegir un texto entre el ejército de textos posibles.

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