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ESTHER DÍAZ |
Doctora en filosofía |
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Relaciones carnales
Los nombres de los personajes también mutan, intercambian sus
letras, y evocan agrupaciones o personas: CGT, Vandor, Perón,
Frondizi. La ambigüedad de las palabras, las relaciones carnales y
los derrapes de fluidos remiten a avatares políticos. Dos manos
cercenadas de un cuerpo compiten por imponer la derecha o la
izquierda. Un glande se refriega contra la costra de un talón, hay
cabellos con excremento, testículos reventados, uñas desgarradas.
Máscaras desplazándose del lugar de la enunciación. Lamborghini, con
voluntad de producir lo múltiple, devela un momento de la historia
argentina con significación abierta. En la escena del parto, el Loco
Rodríguez –desnudo y con un látigo arrollado a la cintura– planta
los codos en el vientre de su mujer que grita horrorizada.
Oportunidad que aprovecha para partirle la boca de un puñetazo
mientras le pega latigazos en los ojos, como a un caballo empacado.
Los demás miran, algunos se calientan. El Loco palea la diarrea que
inunda la catrera. El óvalo fetal se asoma y se retrae como asustado
por la furia del afuera. El retroceso estimula la cólera del
inminente padre que sube sobre la parturienta y la somete a un coito
violento mientras le estrella el cráneo contra el respaldar. A su
alrededor se desata un descontrol generalizado. El retoño quiebra
las columnas penetrando en un mundo mucho más estrecho (y caótico)
que el anterior. Pronto se unirá a la orgía. Por ahí una vagina
sonríe y, al final, se encolumnan todos en una manifestación.
[i] Filósofa y escritora, autora de El himen como obstáculo epistemológico y Entre la tecnociencia y el deseo. |