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ESTHER DÍAZ |
Doctora en filosofía |
Bastante mal,
pues aunque se instrumentan medios para la reflexión ética,
funcionan a posteriori de las innovaciones. Estos debates deberían
darse con anterioridad a la consolidación de los proyectos y con
participación de la sociedad. La técnica es demasiado invasiva para
dejarla solamente en manos de expertos comprometidos con la
institución que los financia. Un vez que los productos llegan a la
industria el mercado logra que nada entorpezca el hiperconsumo.
Demasiado tarde para lágrimas.
2)
-¿Cómo
reacciona la filosofía de la ciencia cuando aparecen desafíos como
las nuevas enfermedades o las innovaciones en ingeniería genética,
por ejemplo? Hay posturas
epistemológicas que consideran que la ciencia no requiere
consideraciones éticas, ya que su función
sería la búsqueda de nuevos
conocimientos, por lo tanto si aparece una nueva enfermedad hay que
atacarla sin medir posibles costos morales. Pero hay otras que
abrigan inquietudes éticas, como preguntarse si es un objetivo
valioso la extensión de la vida humana sabiendo que su destino
ineluctable es el geriátrico o el ensañamiento terapéutico; o si es
relevante crear bebés de diseño en un mundo en el que los niños
naturales mueren de inanición; o si es pertinente producir
trabajadores robóticos en sociedades con alarmante tasa de
desocupación. Estos planteos éticos no son legítimos para la
filosofía de la ciencia tradicional.
3)
-Los estudiantes de filosofía ¿se interesan en la filosofía
de la ciencia? Existen dos tipos de interesados: los que siguen la posición heredada y se atienen a formalismos metodológicos, y los que aspiran a una epistemología ampliada a lo político-social. Los primeros suelen ocupar lugares de privilegio, los segundos son excluidos por denunciar que la “neutralidad científica” oculta poderes y que las investigaciones no necesariamente están al servicio de la comunidad. Unos se pliegan a la versión oficial, los otros se alistan a la resistencia.
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