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Las grietas del panóptico
Toda acción de control entraña
otra de descontrol. Esta idea surge del libro de Esther Díaz cuyos
ejes se debatieron en un congreso sobre biopolítica.
POR MARTIN W. PRIETO
Nota aparecida en la revista "Ñ" de Clarín el 29/01/11
El
escritor Georg Lichtenberg observó a principios del siglo XIX que
toda la historia era la historia del hombre despierto, nadie había
pensado en la historia del hombre dormido. Con la aparición del
psicoanálisis probablemente se haya remediado un poco esta falta.
Como a Freud, también a Foucault de alguna manera lo obsesionaban
las razones complejas y ocultas que determinan la vida de los
hombres y las sociedades. Fue el arqueólogo de los poderes, de esas
variadas rutinas de coerción que se ejercen en los diagramas, los
sistemas, las sintaxis, tan inmanentes a las ideologías y a las
verdades como al hierro de las prisiones.
El lector avezado habrá notado
que sin la obra de Foucault no se comprenderán muchos procesos
fundamentales de la historia moderna. Sus investigaciones desmienten
lo superficial y revelan la enorme relojería interna (visión algo
tenebrosa) de las sociedades modernas. Una de sus contribuciones más
importantes fue el estudio de la biopolítica, que definió como
aquellos mecanismos mediante los cuales el poder regula los procesos
vitales de las poblaciones. Foucault advirtió que si el viejo poder
de los soberanos consistía en hacer morir o dejar vivir, el nuevo
poder es el de hacer vivir y dejar morir. Estos tiempos ya los
anunciaba el doctor Benjamin Rush, uno de los padres fundadores de
EE.UU.: “En lo sucesivo será asunto del médico salvar a la
humanidad, tanto como hasta ahora lo fue del sacerdote. Concibamos a
los seres humanos como pacientes en un hospital; cuanto más se
resistan a nuestros esfuerzos por servirlos, más necesitarán
nuestros servicios.” A través de las técnicas centradas en el
control de la salud, natalidad, sexualidad, en el siglo XIX se
comienza a sistematizar de diversas maneras la influencia de los
estados sobre la vida. La producción de organismos rentables es un
interés permanente del poder, al mismo tiempo que se diseñan las
instituciones destinadas a separar la paja del trigo (cárceles,
psiquiátricos, asilos). La filósofa Esther Díaz (UBA, UNLA) publicó
Las grietas del control (Biblos). Allí
aborda la actualidad de la biopolítica y la explora en sus variadas
configuraciones argentinas.
En el libro se abordan dos
fenómenos básicos, la vigilancia y el control: la vigilancia es la
forma ancestral, es lo que se oye y se escucha; el control atraviesa
paredes y distancias e incorpora flamantes tecnologías. A lo largo
del libro se intenta deconstruir este gran aparato coercitivo
tratando de medir su vigor pero también de encontrar sus
cortocircuitos y sus fallas conceptuales, en cuatro territorios: lo
urbano, los cuerpos tecnificados, el deseo liberador o excesivo y el
mundo de la creatividad. Díaz marca un punto de partida: “la acción
de controlar es siempre acechada por la irrupción del descontrol,
porque ¿Quién controla a quienes controlan? ¿Existe una red de
seguridad tan densa que no se agriete en algún resquicio? ¿Cómo
garantizar la fidelidad de quien no gana en un año lo que muchos de
sus patrones disfrutan en un día?” En el capítulo sobre urbanidad se
muestra cómo los dispositivos del panóptico han sido revertidos para
construir encierros voluntarios e hipervigilados, como son los
countries y barrios privados. Allí lo que se busca es una
inmunización de los flujos poblacionales desheredados y amenazantes,
pero al mismo tiempo intrínsecos de las sociedades neoliberales. Los
muros y las garitas de los barrios de lujo sirven para excluir en
dos sentidos, depende del lado de la línea en que uno se encuentre;
dicho de otro modo, actúan para reforzar a través del control y la
polarización los hilos del poder.
Muchos de los temas de este
libro fueron desarrollados en el Congreso Internacional de
Epistemología y Metodología “Investigación Científica y
Biopolítica”, realizado en noviembre en la Universidad de Lanús. En
su ponencia “Abordajes deconstructivos como estrategias de
investigación”, la autora y organizadora del evento presentó sus
ideas para una reflexión sobre la ciencia abierta a los marcos
sociales y políticos más amplios que la producen, criticando esa
visión de la verdad científica como una milagrosa burbuja.
Al congreso asistieron
especialistas en epistemología, metodología y biopolítica locales e
internacionales. Hubo intervenciones destacadas como las de Alfonso
Galindo Hervás, “Secularización, abstracción y excepción en los
diagnósticos sobre la biopolítica” (Universidad de Murcia); Roxana
Ynoub (UNLa-UBA) “Hermenéutica y metodología”; y Mónica B.
Cragnolini (UBA-CONICET) “Paradigmas biopolíticos y políticas de la
resistencia: entre los intersticios de los biopoderes”, En el último
y atrayente capítulo de Las grietas del control,
Esther Díaz se detiene a considerar la música para sondear ese
espacio, tan reminiscente de la filosofía, que armoniza rigurosidad
con libertad. “Las partituras más cuidadas suelen producir la música
más creativa”, dice, adivinando una lógica benéfica para aquellas
actividades humanas que logran escapar a los encierros mas voraces.
A propósito, recuerdo en la música de Leonard Cohen una línea que
dice: “Hay una grieta en todas las cosas. Así es como entra la luz.”
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