|
ESTHER DÍAZ |
Doctora en filosofía |
|
Al final del día, cuando los argentinos terminan de trabajar (los que tienen trabajo) encienden el televisor, o consumen pornografía por internet o chatean con seres que nunca van a conocer, se han transformado en autistas informáticos. Algunos estudios publicados por Gilles Lipovetsky en Francia, en la década del ochenta, todavía planteaban el interrogante en torno de los modelos y los paradigmas de los jóvenes de la época: veintidós años después nadie se plantea una cuestión semejante, si partimos de los chicos sólo hallan a sus modelos en la farándula o en la ficción. Jamás se les ocurriría pensar en el padre o la madre, y desde ya que los líderes religiosos y políticos se hicieron trizas. Marx dijo que todo los sólido se desvanece en el aire, y se refería a las tradiciones, la política, las religiones: esa profecía se cumplió. Caídas las viejas tradiciones, el tejido social se ha fragmentado y por sus resquicios surgen elementos positivos, como una mayor aceptación de las diferencias y la adquisición de algunos derechos de las minorías (respecto del poder), como el de mujeres, homosexuales y otros discriminados sociales. Pero también se filtran elementos inquietantes como los fundamentalismos y la falta de valores éticos-políticos que pudieran servir de guía a los sujetos y a las sociedades. |