|
Columna Cátedra
(Nota aparecida en la revista «N» de
Clarín, el
01-10-10)
Esther Díaz es Doctora en Filosofía
(UBA) y Directora de la Maestría en Investigación
Científica de la UNLa, donde
organiza
la Jornada “Biopolítica,
Inmunidad y Estado de Excepción” a realizarse en Sala
Cortázar de la Biblioteca Nacional, el 4 de octubre de 14 a
18 horas con entrada libre y gratuita. Apareció su libro
Las grietas del
control. Vida, vigilancia y caos
(Biblos).
¿Qué situaciones o hechos contemporáneos ratifican la
vigencia de la biopolítica?
Su vigencia se ratifica, por ejemplo, en la compra de
información genética obtenida sin consentimiento para
seleccionar recursos humanos con la intención de excluir
aspirantes cuyo ADN indique patologías reales o probables;
pues la biopolítica es administración y manipulación de la
vida de la población desde diversos poderes. En China
existen zonas con un 80% de seropositivos debido a la compra
de sangre a campesinos paupérrimos. Esa sangre se centrifuga
en grandes autoclaves para separar el plasma de los glóbulos
rojos. La sangre empobrecida y mezclada se inyecta
nuevamente para evitar la anemia y estimular la repetición
de la operación, en la que un solo infectado contamina a
todos. La venta masiva de sangre es regenteada desde el
gobierno central.
2) ¿Qué significa vivir en estado de excepción?
Significa perder garantías civiles ante la suspensión del
orden jurídico bajo el paradigma de la seguridad. Ese vacío
legal les otorga a las personas un valor similar a un
helecho, un piojo o un mosquito. Se sufre detención
indefinida y torturas ante la presunción de terrorismo, o
sometimiento y degradación si se es adicto indigente,
inmigrante no deseado o portador de rasgos diferentes. Se
mata impunemente a sospechosos. También hay estado de
excepción VIP para quienes reciben trato diferencial gracias
a sus influencias o gozan de libertad a pesar de estar
condenados, mientras la mayoría de los acusados -incluso sin
juicio- continúan en prisión. Finalmente, los campos de
concentración y el ensañamiento terapéutico con enfermos
terminales son manifestaciones del estado de excepción y la
biopolítica llevados a sus últimas consecuencias,
convertidos en tanatopolítica o poder sobre la muerte.
|