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“Buzones en red”
Esther Díaz
Caras y Caretas,
años 44, Nº 2.188, Julio de 2005.
El
olorcito de papel flamante, las tapas lustrosas suaves al tacto, las
ilustraciones y las letras derrochando alegría me seducían. Aunque
todavía no sabía leer. Más tarde comprendí que se trataba, entre muchos
otros temas, de humor político. Cuando era chiquita ya me atraían más
las publicaciones que las muñecas, soñaba con el momento en que esos
signos me revelaran sus enigmas, siempre había un día, cuyo recuerdo se
borronea en el tiempo, en el que mi papá -que era diarero- me dejaba
mirar esa revista espléndida. La guardaba celosamente en una caja con
otras revistas nuevas. Pero no antes de que yo la mirara y la acariciara
con cuidado, porque después había que venderla. Se trataba de
Caras y Caretas. Si hasta aprendí a reconocer sus letras y a
veces me reía con sus caricaturas, aunque obviamente no entendía su
picaresca. Pasaron los años y la perdí de vista. Al no verla más, creí
que la había olvidado. Sin embargo, cual Ave Fénix, hoy renace de sus
propias cenizas para mí y para el mundo. Caras y Caretas,
como las magdalenas de Proust, me devuelve las sensaciones del tiempo
perdido y, ahora, mágicamente recuperado.
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