Esther Díaz

ESTHER DÍAZ

Doctora en filosofía

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PRÓLOGO
La trinidad conceptual contemporánea

Esther Díaz

 El poder y la vida

Al cabo de los años he comprendido –no sin tristeza– que me está vedado construir un sistema filosófico, un concepto avasallante, una originalidad insoslayable. Mi suerte es la ensayística y la docencia, la lectura y su transmisión, la búsqueda de problemas filosóficos y el balbuceo de algunos conceptos. Así pues establezco relaciones entre diferentes modos de hacer filosofía y me solazo en las coincidencias. Tampoco desecho las disidencias. De ellas extraigo fuerza para resistir teórica y a veces vitalmente. He aquí la materia prima de este libro. Pensado como unidad desde la multiplicidad, se trata de un texto que intenta escapar del monoteísmo teórico. Si bien no todos los autores comparten esta preferencia, con su esfuerzo y con la confirmación de sus diferentes posturas lo hicieron posible.

Me he propuesto la tarea de presentar perspectivas pensantes trazadas por analistas de nuestro tiempo expertos en tres ejes relevantes en el campo de la investigación contemporánea: la epistemología, la metodología y el biopoder. A lo largo de estas páginas el espacio se puebla con reflexiones sobre la filosofía de la vida, los esfuerzos invertidos para mantenerla, administrarla, gozarla, sufrirla y perderla. Surgen asimismo maridajes extraños –o más bien ocultos–, como la epistemología y el deseo o la metodología y el poder.

Estudiando la vida en relación con la investigación científica hemos vislumbrado que en disciplinas sumamente teóricas o técnicas, como la epistemología y la metodología, palpitan asimismo formas vitales, sea porque tienden a la complejidad existencial de los procedimientos científicos o porque se reafirman en la especificidad formal de los métodos de investigación. En diferentes artículos se encuentran tales tendencias. Unas exaltan los sentidos, otras la razón; ambas son variables de la vida. Hay voluntad de imponerse multiplicando o sintetizando. Se investiga desde el poder y la historia en unos casos, o desde los formalismos y la lógica en otros. Estas modalidades sobrevuelan el presente. Así pues, ya que nuestro destino es transitarlas, quizá nuestro mandato debería ser pensarlas.

El biopoder, cuyos vestigios se pierden en los arcanos del tiempo, produce una torsión histórica y una categórica reafirmación en la modernidad. Se constituye como condición política y se fundamenta como saber científico. He aquí el poderoso lazo que relaciona el poder de administrar la vida de las poblaciones, o biopolítica, con instrumentos simbólicos que fortalecen la investigación científica. La epistemología le otorga sustento teórico y la metodología torna viable sus metas.

Un hilo de Ariadna político-filosófico recorre este texto en el que, como en una linterna mágica, se desplazan los problemas, las incógnitas, las preguntas y las respuestas. En las letras o entre líneas deambulan pensadores: Nietzsche, Deleuze, Prigogine, Foucault, Agamben, Esposito, Freud, Eco, Samaja y tantos más. Desfilan cuestiones provenientes de diversos territorios, pero se detecta voluntad de pensar desde el sur. Circulan disciplinas estadísticas, metodológicas, eugenésicas, etnomatemáticas, biométricas, psicoanalíticas. Se suceden conceptos: poshumano, poder pastoral, ecología de los saberes, rizoma, bíos, desierto, voluntad de poder, epistemología ampliada. Aparecen tecnicismos: matriz de datos, modelización, modulación. Y hasta se sugieren extravagancias, algo así como encuentros insólitos, ¿cómo se vinculan la epistemología y el biopoder?, ¿qué sucede entre la metodología y las políticas de la vida?, ¿y entre investigación y deseo?, ¿liberalismo y control tecnocientífico?, ¿biopolítica y tanatopolitica?, ¿erotismo y saber?

Los primeros filósofos occidentales pensaban sobre lo erótico al mismo tiempo que sobre la vida, la política y el conocimiento. Platón dice que el eros es por naturaleza deseo de existir, que la naturaleza mortal busca –en la medida de lo posible– existir siempre. Y esta búsqueda no solamente se lleva a cabo mediante la continua reiteración de los vínculos entre vida y deseo, cuyos frutos son vidas renovadas; y sobre la política, cuyos frutos son ciudades justas; sino también sobre la verdad, cuyo fruto es la producción de nuevas preguntas y nuevos conocimientos.

A nivel biológico sólo se puede hallar la inmortalidad mediante generación. Aquí está eros que deja otro ser nuevo en lugar del viejo. Y cada uno de los vivientes sigue siendo el mismo, si bien siempre se renueva en un sentido mientras en otro perece. En pelos, carne, sangre, huesos, en una palabra, en todo el cuerpo así como en el ánimo, las costumbres, las opiniones, los deseos, los placeres, las penas y los temores la vida se sigue transformando más allá de la muerte individual. Nunca encada una esas cosas permanecen idénticas sino que unas nacen y otras desaparecen, como la simiente que se pudre acunando pimpollos.

Pero algo todavía más extraño es que también nuestros conocimientos nacen y desaparecen, jamás permanecen idénticos. Estudiamos porque el conocimiento es fugaz. El olvido es la huida del saber, su grieta. Pero el estudio, al producir a su vez un recuerdo nuevo en lugar del que se va, conserva o reconquista el conocimiento, de modo que éste parece ser el mismo. Así de esa manera se conserva todo lo mortal. No por ser absolutamente lo mismo como es lo eterno, sino por el recurso de dejar algo nuevo en lugar de lo que escapa y envejece.

He aquí una de las primeras definiciones de lo que desde nuestro imaginario contemporáneo llamaríamos investigación, indagación, pesquisa, análisis, repetición y fijación para lograr –mediante el estudio–el siempre resbaladizo y provisorio saber.

El amor a la vida moviliza el amor al saber. Pero todo amor entraña riesgos. Las filosofías de la ciencia, como las técnicas metodológicas, nacen y mueren (sería conveniente no apegarse demasiado a ninguna). Además, no debería olvidarse que las metodologías pueden ser utilizadas en investigaciones para la autonomía, aunque frecuentemente se emplean para la dominación (en el mejor de los casos, transportan agua para el molino del colonialismo intelectual). Los métodos hegemónicos son funcionales al poder en la medida en que se aprenden y se reiteran sin pensar, sin cuestionar y casi sin respirar.

Este libro pretende captar los entremeses de la investigación, lo no pensado de su puesta en marcha, los supuestos de los formalismos. Sin obviar por ello el pensamiento de la investigación en sí misma, pero pensarla sobre todo en su entre, en el complicado cruce de caminos en el que mora la trinidad conceptual de nuestro tiempo. Epistemología, metodología y biopolítica. En algunos artículos cada miembro de esta trinidad se presenta en su prístina pureza, en otros se entremezclan sin pudor.

Hay exposiciones que relacionan epistemología, metodología y biopolítica. Hay otras estrictamente políticas o biopolíticas. Y las hay puramente epistemológicas o exclusivamente metodológicas. Pero en definitiva, en esta trinidad –como en la divina– hay tres significantes distintos reabsorbidos por un solo significante "verdadero": el amor al pensar, a actualizar saberes, a rescatar ideas y también –¿por qué no?–a robarlas. A condición de seguir el mandato que dictamina que el robo de ideas está permitido siempre y cuando venga acompañado del asesinato del que las inventó.

La metodología es una función directa de la epistemología. Aunque con el auge de las tendencias instrumentalistas, la metodología parece preferir cada vez más un destino de herramienta. Existe una tendencia hacia los tecnicismos procedimentales. Sus seguidores encontrarán en estas páginas quienes piensan en ese sentido; aunque también hay artículos que critican los métodos canónicos.

Otro tanto ocurre con los escritos sobre filosofía de la ciencia e incluso en las conceptualizaciones sobre política y biopoder. Nos encontramos leyendo una publicación que no exige seguir las instancias marcadas por el índice, si bien hay una intencionalidad secuencial en la manera de presentarlo. También se presta para hacer una lectura como quien practica surf. Cada artículo sería como una ola sobre la que el lector podría deslizarse para acceder luego, como al azar, a otra, y a otra y a otra dejándose llevar por el deseo, la resistencia o la docilidad de cada reflexión.

El ejercicio de la filosofía puede ayudarnos a iluminar escollos, no necesariamente a merecer hallazgos. Nos revela nuestras potencias pero también nuestros ocasos. La ciencia por su parte sabe de fortalezas y declinaciones. Pero la ciencia no se piensa a sí misma, establece relaciones necesarias entre factores que permanecen independientes. Diseña límites que niegan las velocidades infinitas o el caos en el que estamos sumergidos, mientras la filosofía (de la ciencia) pretende salvar lo infinito dándole consistencia conceptual a las funciones científicas y a la interpretación política de las acciones técnicas.

Ahora bien, frente a los desafíos éticos y cognoscitivos que el avance de las teorías y prácticas biopolíticas –intoxicadas de ciencia y embriagadas de tecnología– ofrecen a la comunidad, este volumen brinda temas cruciales de nuestro tiempo y sugiere senderos para abordar los recovecos de una investigación científica que se entreteje con el control sobre la vida y sobre la muerte de las poblaciones. O, dicho de otra manera, para atisbar algún destello de la relación entre la (tradicionalmente negada) condición deseante de la ciencia y las pregnantes y cada vez más intrusivas políticas sobre el gobierno de la vida.

***

La mayoría de estos escritos se presentaron en el Segundo Congreso Internacional de Epistemología y Metodología "Investigación científica y biopolitica", organizado por la maestría en Metodología de la Investigación Científica del Departamento de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Lanús, y realizadas en la Biblioteca Nacional, Buenos Aires, en octubre de 2010.

Hubo expertos de la Universidad de Murcia, España; de UNISINOS, Brasil; de la Universidad Andrés Bello, Chile, y de diversas universidades argentinas. Los artículos aquí reunidos representan un work in progress, ya que cada investigador repensó su exposición en función de los debates, de nuevas consideraciones y del tiempo transcurrido entre su exposición pública y su replanteo privado. Esos escritos, así enriquecidos, regresaron al equipo de trabajo de la Universidad Nacional de Lanús que gestionó su edición. Todos los expositores del congreso son autores de este libro, pero no todos los autores fueron expositores. He solicitado artículos ad hoc para una mejor armonización entre los temas tratados.

Deseamos que estos aportes sean fecundos y desencadenen nuevas preguntas. Aspiramos a que cada lector continúe su elaboración y renueve sus sospechas teóricas.

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